Mónica Chao es una de las voces más influyentes en sostenibilidad empresarial en España. Con una trayectoria de más de dos décadas en grandes empresas multinacionales, la presidenta de WAS (Women, Action, Sustainability) ha liderado estrategias de ESG, economía circular y transición energética en sectores como la energía, la logística, la tecnología y las telecomunicaciones. 

Su labor combina experiencia ejecutiva y visión estratégica para impulsar un modelo económico más responsable, competitivo y alineado con los retos climáticos y sociales actuales. De ello habló en las jornadas “Acelerando la sostenibilidad: las nuevas compañías verdes que están transformando Castilla y León”, organizadas por Æver, donde compartió algunos datos relevantes que incitan a la reflexión. 

Tras el evento, atendió al equipo de comunicación de Aever, en esta conversación sobre los retos que marcarán los próximos años, desde la reindustrialización verde hasta el impacto de la desinformación o el papel que jugarán territorios como Castilla y León en la nueva economía climática. Con claridad y un optimismo realista, analiza un momento geopolítico complejo que, sin embargo, ofrece grandes oportunidades. 

En su charla ha subrayado que emprender en 2026 será especialmente complejo. ¿Cuáles son los principales desafíos? 

Vivimos en un entorno extraordinariamente incierto. Los emprendedores se enfrentan a la soledad, al desafío financiero y a la necesidad de testar productos en mercados que cambian a gran velocidad. En el ámbito de las tecnologías verdes, se suman retos adicionales: la incertidumbre regulatoria, el impacto de la geopolítica en los mercados de capitales, la volatilidad del apetito inversor y, por supuesto, la urgencia climática. Las startups que hemos visto aquí, en Æver, están justamente respondiendo a ese contexto: ofrecen soluciones reales a los problemas reales que estamos viviendo. Pero eso no elimina la complejidad. La gestión del riesgo será clave. 

Mónica Chao

Desde la llegada de Donald Trump al poder se ha hablado mucho del supuesto desgaste de las energías verdes en Estados Unidos. ¿Teme que ese clima llegue a Europa? 

Lo que hemos visto es una politización del lenguaje, más que un rechazo real a las soluciones limpias. Algunos fondos han hecho “rebranding” para evitar términos que puedan interpretarse como ideológicos, pero siguen invirtiendo en tecnologías rentables. Si preguntas a un inversor si quiere apostar por un producto eficiente, escalable y con mercado, la respuesta siempre será sí. Creo que se ha hecho mucho ruido, pero no refleja lo que está ocurriendo en la economía. Limpieza, eficiencia, energía barata y accesible: eso no es ideología, es competitividad. Y los datos que hemos visto hoy lo demuestran. 

Hablaba también del reto de la desinformación, señalada por el Foro Económico Mundial como el principal riesgo global. ¿Cómo afecta al emprendimiento y cómo combatirla? 

La desinformación no solo confunde: está generando impactos graves, desde la aceptación de la violencia hasta la renuncia a libertades básicas. En sostenibilidad es especialmente peligrosa porque banaliza debates que deberían estar guiados por evidencia científica. Los medios deben recuperar espacio para la información veraz, rigurosa y basada en expertos. No todo puede tener el mismo peso. No podemos equiparar a la comunidad científica con alguien que afirma que la Tierra es plana. Y también necesitamos contar más historias positivas. En Burgos y Castilla y León tenemos ejemplos reales de éxito: renovables, hidrógeno, circularidad… Mostrar estas soluciones ayuda a que la ciudadanía entienda de qué hablamos cuando hablamos de transición ecológica. 

Quedan cinco años para 2030. ¿En qué ODS hemos avanzado más y en cuáles menos? 

Los mayores avances están en el ODS 7 —energía asequible y no contaminante—, el 12 —producción y consumo responsables— y el 17 —alianzas para lograr los objetivos—. Son áreas vinculadas a la innovación y a la economía verde, donde hay retorno de inversión y tracción empresarial. En cambio, los menos avanzados son el ODS 1, fin de la pobreza, y el 16, paz, justicia e instituciones sólidas. La desigualdad crece y los conflictos se multiplican. Si no resolvemos eso, será difícil avanzar globalmente. 

Presidenta WAS

Tanto Europa como Estados Unidos están impulsando la reindustrialización basada en tecnologías limpias. ¿Qué supone eso para Burgos y Castilla y León? 

Castilla y León tiene un PIB industrial por encima de la media española y europea. Eso ya la convierte en un referente. Además, su modelo económico es más resiliente que el de otras regiones. Con la nueva agenda europea, que vuelve a poner a la industria en el centro y la vincula a las tecnologías verdes, el territorio está en una posición privilegiada. Todo apunta a que el tejido industrial se verá reforzado. Por eso digo que Burgos está alineado con la Europa que Europa quiere ser. 

El Financial Times publicó este año una proyección que planteaba que Europa podría superar a Estados Unidos hacia 2045. ¿Lo ve plausible? 

Es un futurible con mucha incertidumbre, pero no imposible. Europa tiene las capacidades industriales, el talento y las bases regulatorias para lograrlo. Pero requiere creer en sí misma, ejecutar con velocidad y construir alianzas globales con otros territorios. Los informes de Draghi lo decían claramente: sabemos lo que hay que hacer, pero vamos lentos.  

En Europa se percibe cierto pesimismo. ¿Qué mensaje daría a los emprendedores que hoy construyen soluciones verdes? 

Que mantengan una visión de largo plazo, pero trabajen intensamente el corto. Vienen vientos a favor: Europa necesita tecnologías verdes para garantizar energía barata, almacenamiento y competitividad industrial. Hemos oído en las jornadas que hay mucha liquidez en el mercado para apoyar los proyectos que de verdad sean sólidos y que tienen capacidad de crecimiento. 

Necesitamos que los emprendedores que están trabajando en áreas como las energías verdes sigan con ese esfuerzo. Además, el acompañamiento que hay aquí en Castilla y León, tanto en la aceleradora como en la Fundación Caja de Burgos está muy bien y les ayuda. 

Y, sobre todo, están contribuyendo a un bien mayor: construir el mundo que vendrá. Dentro de unos años podrán mirar atrás y decir: “yo fui parte de esto”. Ese es un motor muy poderoso.