Aparcas el coche al llegar a la oficina, lo conectas y, para cuando suena la hora de salir, tu batería está llena. Olvídate de dar vueltas buscando un cargador público o agobiarte por si no te da la energía para llegar a casa.
Esta situación ya es una realidad en Burgos. Gracias a una iniciativa de la Aceleradora Vertical de Energías Verdes (Æver), la empresa Cerámicas Gala ha estrenado en sus aparcamientos una marquesina solar muy especial. Además de servir de techo es una pequeña central energética.

La marquesina, desarrollada por la empresa Zinnia Charge, ubicada en Miranda de Ebro, responde a un doble objetivo: permitir a los empleados que disponen de vehículos eléctricos y a los visitantes que acuden a las instalaciones cargar sus automóviles y, simultáneamente, generar energía eléctrica para la fábrica. La marquesina fue presentada en el transcurso de una visita institucional a la fábrica burgalesa de la compañía, en la que estuvieron presentes el presidente y el director general de la Fundación Caja de Burgos, Rafael Barbero y José Ramón Gutiérrez; el director general de Æver, Francisco Javier Cuasante; y la directora territorial de ICECyL, Virginia Santamaría.

El reto, financiado por Æver con 9.000 euros, pedía a las empresas regionales que identificasen una necesidad sin resolver en el área de sostenibilidad, cuya solución, una vez validada, pueda llegar a mercado. El ganador del mismo fue la empresa Zinnia Charge que, una vez adjudicado, se ha encargado de desarrollarlo.
Según destacó el director general de la compañía, Eduardo Araguzo, con esta marquesina se resuelve también una necesidad de los empleados: poder cargar su vehículo eléctrico mientras trabajan. Se calcula que un 70% de los coches españoles duermen en la calle, con lo que no son muchas las personas que disponen de un cargador en su aparcamiento.
A su vez, la directora general de Cerámicas Gala, Blanca García Alonso, incluyó la sostenibilidad entre los principales valores de una empresa que lleva 61 años en Burgos, cuenta con 300 empleados y unas instalaciones de 220.000 metros cuadrados. «Lo importante para nosotros es que el mundo que dejemos sea mejor que el que hemos encontrado», dijo tras felicitar a todos los participantes en el reto de Æver por hacer posible trabajar en red para impulsar proyectos que redunden en la prosperidad de la ciudad de Burgos. «La rentabilidad no debe ser solo económica, nos obliga a dejar riqueza en la ciudad», señaló.




