Por primera vez en más de un siglo, el sistema eléctrico mundial ha cruzado una frontera histórica: las energías renovables han superado al carbón como principal fuente de generación eléctrica. Así lo constata el informe Global Electricity Review 2026, elaborado por el grupo británico Ember a partir de datos de 91 países que concentran el 93% de la demanda mundial. El estudio no solo confirma un cambio estadístico; certifica una transformación estructural del modelo energético global.
Estos son cinco grandes cambios que ya están redefiniendo el planeta.
- Las renovables superan al carbón por primera vez en 100 años
El dato es contundente: en 2025 las energías renovables —solar, eólica, hidroeléctrica y otras— alcanzaron el 33,8% de la generación eléctrica mundial (10.730 TWh), frente al 33,0% del carbón (10.476 TWh). Es la primera vez en la historia moderna que el carbón cae por debajo de un tercio del mix eléctrico global y es superado por fuentes limpias.
Como curiosidad, cabe apuntar que, aunque hace muchos años de ello, este momento si tienen precedentes. Fue, brevemente, en 1919, en un momento en el que las grandes potencias, una vez concluida la Primera Guerra Mundial, apostaron con fuerza por la industria hidroléctrica. Pero fue una excepción histórica. Nunca más, hasta hoy, había vuelto a pasar lo mismo.

El informe revela también que la generación con carbón ha descendido en 63 TWh (-0,6%) respecto al año anterior. Puede parecer una caída modesta, pero en un sistema eléctrico global acostumbrado a crecer apoyado en combustibles fósiles, el cambio es profundo: se rompe una inercia de más de cien años de hegemonía del carbón como columna vertebral del suministro eléctrico.
- La electricidad limpia cubre todo el crecimiento de la demanda
El segundo gran cambio es aún más estratégico: en 2025 toda la nueva demanda eléctrica mundial fue cubierta por generación de bajas emisiones. La producción limpia creció en 887 TWh, superando el aumento de la demanda, que fue de 849 TWh.
Como consecuencia, la generación fósil global no solo no aumentó, sino que cayó ligeramente en 38 TWh (-0,2%). Es apenas la quinta vez en lo que va de siglo que no crece la generación con combustibles fósiles y la primera desde la pandemia de 2020.
Esto significa que el crecimiento económico y la electrificación —incluyendo sectores como el transporte— empiezan a desacoplarse del incremento en emisiones del sector eléctrico. El sistema ha entrado en una fase en la que añadir más consumo ya no implica necesariamente quemar más carbón o gas.
- La energía solar se consolida como el motor del cambio
Si hay un protagonista indiscutible de esta transformación es la solar fotovoltaica. En 2025 su generación aumentó en 636 TWh, hasta alcanzar los 2.778 TWh, un crecimiento del 30% interanual: la tasa más alta de los últimos ocho años.
La solar cubrió por sí sola el 75% del aumento neto de la demanda eléctrica mundial. Junto con la eólica, ambas tecnologías explicaron el 99% del crecimiento de la demanda. En términos comparativos, el incremento solar fue 18 veces superior al del gas, el único combustible fósil que registró crecimiento.
El despliegue es exponencial. Desde 2015, cuando generaba apenas 256 TWh, la producción solar mundial se ha multiplicado por más de diez. Desde 2022 prácticamente se ha duplicado, manteniendo un patrón de crecimiento que ronda la duplicación cada tres años. En 2025, la solar superó por primera vez a la eólica en generación global y se aproxima al nivel de la nuclear.
- China e India giran el timón fósil
El cuarto cambio es geopolítico. China e India —primer y tercer mayor generador mundial de electricidad fósil— redujeron su generación con combustibles fósiles en 2025, algo inédito en este siglo para ambos simultáneamente.
China recortó 56 TWh (-0,9%), su primer descenso desde 2015. India redujo 52 TWh (-3,3%), tras cuatro años de fuertes aumentos asociados a la recuperación postpandemia. En ambos casos, las adiciones récord de solar y eólica superaron el crecimiento de la demanda eléctrica.
China concentró más de la mitad del aumento mundial de generación solar en 2025, elevando la cuota combinada de solar y eólica al 22%, por encima del promedio de la OCDE (20%). India, por su parte, instaló por primera vez más capacidad solar que Estados Unidos.
Cuando los dos gigantes asiáticos cambian la dirección de su curva fósil, el impacto es sistémico. Asia sigue siendo hoy la única región del mundo donde el carbón supera a las renovables, pero los cambios con relevantes. Lo que antes parecía una transición liderada por Europa se convierte en un fenómeno global.

- El almacenamiento en baterías permite la energía solar “a cualquier hora”
El quinto cambio es tecnológico y afecta a la arquitectura misma del sistema eléctrico. La expansión solar ya no avanza sola: lo hace acompañada de almacenamiento en baterías a gran escala.
En 2025 las instalaciones de almacenamiento crecieron un 46% hasta alcanzar unos 250 GWh. Tras una caída del 20% en 2024, los costes de las baterías volvieron a desplomarse un 45% adicional en 2025. Como resultado, el mundo añadió suficiente capacidad para desplazar el 14% de la nueva generación solar fuera de las horas centrales del día.
Este avance resuelve uno de los principales retos históricos de las renovables: la intermitencia. La combinación solar-baterías está transformando el paradigma desde “solar cuando hay sol” a “solar gestionable”.
Europa y Castilla y León ante la nueva era eléctrica
Europa ha sido durante años el laboratorio regulatorio y tecnológico de la transición energética. Hoy, el impulso solar asiático obliga al continente a acelerar si quiere mantener liderazgo industrial y estratégico. La modernización de redes, la electrificación industrial y el despliegue masivo de almacenamiento serán determinantes.
En este contexto, regiones como Castilla y León parten con ventaja estructural: abundante recurso eólico y solar, suelo disponible y experiencia en desarrollo renovable. La comunidad ya es una de las mayores productoras eólicas de Europa y tiene margen para integrar más solar y almacenamiento, además de avanzar en hidrógeno verde vinculado a su tejido industrial.
La transición ya no es una promesa climática; es una realidad económica y geopolítica. Los territorios que consoliden ecosistemas energéticos limpios, flexibles y competitivos no solo reducirán emisiones: ganarán autonomía estratégica y atraerán inversión. El planeta ha iniciado un cambio de era eléctrica. La pregunta ya no es si la transición sucederá, sino quién capitalizará mejor sus beneficios.



